Nieves González

Realizar el curso de inteligencia emocional ha supuesto para mí un antes y un después en mi vida.

Llevaba un año postergándolo, por motivos “muy importantes” para mí: no tengo dinero, no tengo tiempo, mi jefe no me deja… Motivos que consideraba muy válidos, hasta que me di cuenta de que en realidad eran excusas. Como bien me dijo Antonio: “Nieves, nunca es el momento perfecto para hacerlo”. Así que desperté, y tomé la decisión de irme a Jaén a hacer el curso del cual volví renovada. Para mí también fue importante el matiz de hacerlo en otra ciudad, porque me obligó a salir de mi entorno conocido y de mi zona de seguridad y confort.

Fueron cuatro días de vivencias muy intensas y, en muchas ocasiones, de momentos duros y de superación. Hacer este curso supuso mirarme en un espejo cuya imagen devuelta no es mi aspecto físico, sino mi interior… y el mío andaba muy revuelto y hasta ese momento no había querido verlo. Me había convertido en una experta de darle al “mute”, y no me había dado cuenta de cuán necesario era escucharme.

Y en toda esta niebla me encontré con Antonio, un espectacular profesional que guió mi crecimiento y que, a día de hoy, siento que sigue haciéndolo. Desde el primer momento sentí la conexión, sentí que él me miraba y veía dentro de mí. No veía lo que yo siempre quería vender a la gente que soy, sino lo que verdaderamente soy. Y fue capaz de irme preguntando e ir indagando para que yo fuera encontrando mis respuestas a mi ritmo. Porque, como él me decía, lo importante es saber dónde tengo las espinas para poder quitármelas.

Aún hay preguntas para las que no he encontrado respuesta, ¡y estoy encantada con ello! Ahora entiendo que la vida es una escalera, y Antonio me ha ayudado a ver que hay más peldaños hacia arriba, y me ha ayudado a subir algunos, a la par que me ha dado las herramientas para que siga ascendiendo, para que siga creciendo.
Gracias Antonio, has cambiado mi vida

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