Luz López

“…Antonio. J De mis primeras impresiones cuando le conocí, fue: “¿Cómo en un espacio tan pequeño se puede albergar algo tan grande?” Fue su mirada amable; sentirme arropada y válida, muy válida, en su compañía. En una relación que recientemente nos unía y en un entorno más que fabuloso: ¡la montaña! ¡se creó una atmósfera mágica! Fue muy grato sentir “el no juicio” por su parte. ¡Qué lindo ejemplo! No pretendo que esta redacción se convierta en una enumeración de halagos hacía Antonio. Sí pretendo transmitiros que compartir con Antonio resultó más grato que estar a gusto sólo conmigo misma, pues además de esa sensación, con él descubrí todo lo mejor que AÚN podía y puedo ser.

Descubrí, gracias a su apoyo, que YO podía recuperar la confianza en mi misma. Me emocioné al observar su comportamiento: seguro, humilde, cercano, compañero y, después de un fin de semana en el que compartimos ascenso, descenso de cumbre y noche en un refugio de montaña, AMIGO y, ¡de los mejores! Con Antonio y su ejemplo me percaté de que más vale una acción que mil palabras. Su afán de superación en cuanto a crecimiento humano se refiere, es admirable. Gusta de lo que hace, le pone cariño y empeño y, eso, se nota y se siente. Disfruto conversando con él porque me resulta fácil y enriquecedor. Para mí, Antonio resulta un ser acogedor, mullidito, abrazable, admirable…

Me encanta y admiro su mirada sincera, su sonrisa entrañable, su escucha activa y paciente, su maravillosa disposición, la energía tan rica que desprende y su nobleza como persona.

Y, compartiendo el primer curso con él: “Entendiendo el comportamiento Humano” no me sorprendió que el Antonio que impartió el curso fue el mismo Antonio que yo conocí en la montaña. ¡Vamos! Qué no aprecié diferencia entre un Antonio profesional y un Antonio amigo o un Antonio fuera del curso. ¡Es el mismo! Sentí que me hizo llegar sus conocimientos de una forma llana, sencilla, con ejemplos del día a día. Me resultó un día de curso emotivo, muy rico en conocimientos, muy humano, emotivo y… ¡qué se me pasó en un plis-plas!

Antonio es como es, ¡no hay más vuelta de hoja! Y de veras que me resultó muy lindo vivir ese día de curso con él como ponente y con el resto de compañeros con quién compartí. Y, ¡no solo eso! Porque compartí más y hago apreciación de cómo Antonio se ocupa de saber si ha gustado, qué puede mejorar, si los ejemplos son entendibles y adecuados. Me hizo preguntas para poder mejorar en sus próximos cursos y se ocupa de hacer una retroalimentación para mejorar y dar más de sí en cada curso que da.

¡Yo te quiero mogollón Antonio! ¡Desde que te conocí! Para mi resultas un fabuloso ejemplo de alguien a quien parecerse…

¡Millones de besos, con mucha LuZ!”

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